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Salir adelante en la adversidad

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Todos nuestros artículos se fundamentan en hechos e informaciones veraces  y también expresan opiniones, dudas y preocupaciones fruto de experiencias personales y de su estudio.

Última actualización hace 10 meses

Yo sufrí un grave accidente laboral unos años atrás…

…Tras meses en el hospital, mi mente comenzó a plantearse el futuro.

Yo venía de una educación fundamentada en el estoicismo y lo primero que proyecté fue embarcarme en lo básico, o sea, en cómo poder alcanzar un estado de vida digna de ser vivida, o dicho de otra manera, cómo mantener el buen carácter inherente a la buena naturaleza de mi persona, una buena persona en la que me había convertido a pesar del sexo, lugar de nacimiento, dinero, posición familiar y social…

En fin, que me propuse determinar cómo continuar viviendo de forma excelente -según la virtud y contribuyendo al bien común-. Así podría comportarme adecuadamente en todas las circunstancias, partiendo con mis propios pensamientos y continuando con mis elecciones y acciones de vida, todas condiciones internas a desplegar hacia el exterior para “crear-mantener” una vida digna de ser vivida. Se trataba, pues, de alcanzar un carácter virtuoso -bueno-. Se trataba de ser una persona con un carácter moral próximo a la perfección, también templada, justa, valiente y sabia. Algo que suena muy etéreo, anticuado y difícil de realizar, pero que se puede alcanzar satisfactoriamente con trabajo, tesón y compromiso.

Pero las impresiones -que son lo que creemos nos pasa-, tomaron el control al principio de mi vuelta a “la vida”. Unas impresiones que no pude objetivar hasta que me hice con información suficiente sobre su contenido. Impresiones que tenían que ver con cómo sería mi condición mental en lo que me restaba de vida… Y es que, el traumatismo craneoencefálico severo del accidente ponía bajo cuestión mi futuro mental. Así, alcanzar un consenso sobre cómo sería ese futuro pasó por una revisión de artículos y estudios mundiales publicados en revistas médicas especializadas, información que me sirvió para comprender los límites de mis secuelas y así ponerlas en manos de la justicia a través de mi abogado. Al menos la justicia haría valer mis pérdidas objetivas y me mantendría en una situación de poder satisfacer mis necesidades más básicas.

También en mi bagaje estoico llevaba grabadas las cuatro Virtudes cardinales y su alcance. Virtudes que me hacían ver el mundo de determinada manera y con ello ser una persona mejor.  Virtudes como:

La Templanza -capacidad de controlarse uno mismo-,

La Justicia – trato adecuado y equitativo hacia los demás-,

El Coraje-voluntad de soportar y afrontar circunstancias difíciles pensando en el bien común-,

La Sabiduría– principalmente nos permite navegar virtuosamente por nuestra vida sabiendo del Bien y del Mal.

Pero yo era consciente de que la Templanza y la Justicia las tenía afectadas por el trauma padecido. Virtudes que delegué en mi abogado para poner orden sobre mi presencia judicial; de otra manera, esa carrera la tenía perdida.

Por el contrario, el coraje y la sabiduría quedaban de mi lado para afrontar con valentía el trance y poner en su explicación un poco de verdad “objetiva”. Coraje y sabiduría que se expresaron en la búsqueda de investigaciones-datos médicos por todo el mundo y en la selección de segundas opiniones médicas –en mi territorio-, que afianzaran mis carencias psico-fisicas… A todo lo cual también se le sumó la opinión de las aseguradoras privadas en materia de seguros vida-dependencia, y ello de cara a valorar la gravedad de mis lesiones, lesiones que me llevaron a una negativa de acceso a este tipo de seguros, es decir, unas aseguradoras que ya visibilizaban un claro riesgo objetivo en el mantenimiento de mi calidad de vida a futuro.

MUY IMPORTANTE: en tu viaje judicial, ve siempre de la mano de un abogado de tu total confianza, que entienda tus necesidades y que te permita colaborar si fuera necesario. Caminar por este escenario es difícil y duro para quien no es de ese mundo judicial.

Por ejemplo, yo -influenciado por el estoicismos- siempre he pensado que El DESTINO consiste en aceptar el control del que carecemos y utilizar el control o la influencia que poseemos… Y la falta de control sobre mis pensamientos, principalmente al principio, me llevó a la necesidad de poner controles sobre mis acciones y actitudes… Y para poner coto a esta debilidad me apoyé en mi abogado. Él sería el encargado de filtrar mis pensamientos y de ponerlos límite. También de establecer el marco.contexto jurídico-judicial oportuno. Yo aquí sólo podía esperar y confiar.

Por el contrario, el conocimiento médico y social que yo iba adquiriendo sobre mis lesiones me permitía aportar importantes dosis de control e influencia sobre el planteamiento de mi abogado en estas materias. Planteamientos que eran enriquecidos con datos de mi situación previa, situación con una perspectiva histórica que se remontaba a tiempo atrás, a ese tiempo de los inicios de la persona en la que me había convertido -y que había dejado de ser por el accidente-.

Un trabajo conjunto “a la par” abogado.afectado que llevaría al mejor final, al final más acorde con mis verdaderas necesidades. Porque las necesidades son particulares… Y es que todos tenemos claro que dos personas distintas derivan en necesidades distintas a pesar de la causa común. Que existen unas necesidades objetivas comunes explícitas de forma concreta en la ley, pero que también existen otras necesidades que rodean al ser de la Persona, necesidades que hay que luchar y objetivar para darles cabida en la propia ley. Y esto no es tarea fácil.

Resumen de mi viaje de vuelta la normalidad: Se consigue con mucha Lucha.

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