En Democracia de trincheras, Lluís Orriols analiza cómo la identidad de partido y la polarización han transformado el debate político en una batalla constante entre bandos. Este ensayo plantea una cuestión clave:
¿votamos desde la reflexión o desde la lealtad a nuestro grupo?
A través de un enfoque que combina psicología y política, el autor expone cómo la adhesión emocional a un partido puede afectar nuestra capacidad crítica y el funcionamiento de la democracia.
Democracia de trincheras: un análisis sobre identidad y polarización política
Orriols, LLuis. Democracia de trincheras (2023). Península.
En este ensayo publicado en enero 2023, el politólogo Lluís Orriols analiza por qué votamos a quien votamos, y desde esta reflexión conectamos aquí con lo planteado en la plataforma SaberPedirconvivir.
Para empezar, el título llama poderosamente la atención porque nos evoca un escenario de guerra permanente donde la forma de residenciar el poder del Estado en la voluntad ciudadana se realiza bajo las coordenadas del bando ganador Nosotros-amigo siempre enfrentado al bando Ellos-enemigo…
En consecuencia, la soberanía nacional se insinúa con un talante marcadamente imperativo y sospechosamente representativo, y ello porque la institución central del sistema político parece mutar desde el Parlamento a la Trinchera. O mejor dicho, desde el Debate a la Guerra… Un planteamiento interesante en la medida en que esta representación no nos resulta ajena a la realidad de la vida política actual.
Pero a nuestro juicio lo más interesante -“en lo que nos toca”- es la contraposición inspiradora con SaberPedirconvivir porque ésta evoca un escenario de convivencia democrática asentado en la propia política de la vida y que es atravesado por sus propias trincheras con el objetivo de impulsar el progreso y bienestar…
Sólo que la dirección de avance es la contraria, de la Guerra al Debate…, del individuo a la colectividad.
Todo ello bajo un enfoque desde la psicología persona-ciudadano.
¿Votamos con la razón o con la identidad?
El ensayo plantea la interesante cuestión de si hoy las elecciones son una verdadera estructura de incentivos para que el Gobierno lo haga bien desde una evaluación-comparación informadas por parte del ciudadano-votante acerca de los candidatos, o si más bien es una estructura construida sobre vínculos emocionales y de lealtad grupal donde el votante se reconoce como parte de un colectivo concreto enfrentado al resto…
Cuestiones éstas que trascienden hacia el terreno de la convivencia y del mantenimiento del sistema democrático-parlamentario al poner en su centro a los Partidos Políticos en tanto instrumentos principales para la participación política (ver art 6 de la Constitución).
Identidad y polarización: el eje del ensayo
El ensayo tiene su eje en la construcción social de la identidad, una construcción realizada desde un sentimiento de pertenencia individual al grupo Nosotros, grupo con el que nos identificamos y creamos vínculos emocionales; grupo desde el que nos comparamos al Ellos de forma sesgada e interesada para vernos-asegurarnos superiores-mejores y proteger así la autoestima que procura nuestro bienestar emocional.
Desde aquí se entra en esa Identidad de partido que orienta la toma de decisiones de los votantes y que va ligada a vínculos emocionales que tejen la realidad política, una realidad política que lleva a…
- El atrincheramiento de la opinión pública en su propio partido debido a una fuerte adhesión emocional y en oposición al partido rival. Un atrincheramiento que trae como consecuencias:
- La aversión hacia el contrario.
- El arraigo de la intolerancia.
- El deterioro de la capacidad individual para seleccionar y controlar objetivamente a los Gobernantes…
- Los partidos como brújulas de opinión, ayudando a los ciudadanos a decidir rápidamente. Esto tiene como consecuencia la emisión de juicios sin conocer toda la información y la introducción de sesgos que afectan al funcionamiento de la democracia.
Cómo nos informamos: sesgos y manipulación
El Capítulo 3 se adentra en cómo nos informamos para atribuir responsabilidades políticas sin tener el conocimiento suficiente.
Lo hacemos seleccionando la información que afirma nuestras tesis e intereses, descartando el resto (los llamados sesgos de confirmación). A esto se le suma que, ante la disonancia cognitiva que “nos descoloca”, reforzamos nuestras posiciones para autoproclamarnos como votantes de lo Mejor, frente a lo Peor que solo reside en los Otros.
Como resultado:
- Nos hacemos insensibles.
- Caminamos hacia la desafección.
- Decae la lógica de la democracia.
Ya en el vasto terreno de la comunicación, de la opinión pública y del todo por la audiencia, se nos plantean algunos interesantes consejos para informarnos bien sobre los hechos:
- Buscar la refutación de ideas y rebajar las defensas ideológicas.
- Reivindicar el valor social de cambiar de opinión tras escuchar a los que no son compañeros.
- Ponernos en el lugar del otro.
- Fomentar el debate público que combine rigor y respeto con la diversión y el entretenimiento.
- Y, ¡importante!, evitar jalear y retuitear un mensaje con un “zasca”.
Héroes y leales: los dos tipos de votantes
En el Capítulo 4, nos encontramos con los Héroes de la Democracia, es decir:
- Votantes ambivalentes: aquellos que dejan de creerse el argumento oficial de su partido y empiezan a dudar de que siempre tenga razón.
- Votantes leales: aquellos cuya fidelidad al partido evita fugas de votos y refuerza la identidad partidista.
Las trincheras ideológicas y la polarización en España
Los Capítulos 5 y 6 abordan la polarización en España y las trincheras ideológicas, con consecuencias negativas para la democracia:
- Dificultan los consensos para realizar reformas duraderas.
- Disminuyen la tolerancia.
- Cuestionan el espacio que tienen los demás para hablar.
¿Tiene ventajas la identidad de partido?
El Capítulo 7 plantea el lado positivo de la identidad de partido. Aunque puede generar polarización, también puede contribuir al buen gobierno cuando la voz leal descontenta se hace escuchar y se actúa en consecuencia para garantizar la continuidad.
Conclusión: encontrar el equilibrio
El Capítulo 8 concluye con la idea de que en el término medio está la virtud. La democracia necesita un equilibrio entre:
- Votantes independientes y racionales, que exigen rendición de cuentas a los políticos.
- Votantes leales, que garantizan estabilidad democrática a través de la continuidad.
En definitiva, el ensayo aborda las claves del papel que juega la identidad en nuestra democracia y cómo afecta a la convivencia y el debate político.
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10 comentarios en “Democracia de trincheras: cómo la identidad de partido afecta nuestra convivencia”
Buenas tardes.
A la luz de los días políticos que vivimos llenos de reproches etc etc… sólo decir que, a mi juicio, la POLITICA DE TRINCHERAS es anterior al VOTANTE-ciudadano de trincheras, al fin y al cabo si entre unos pocos partidos en el ejercicio de sus obligaciones al servicio de todos los ciudadanos -que es lo más grave- , no se pueden poner de acuerdo casi en nada -ni siquiera en algo tan elemental como renovar unos tribunales o actualizar la financiación territorial, ambos temas pendientes desde hace años-, muchos menos acuerdos pueden haber entre millones de individuos por mucho que nos afiliemos o simpaticemos y así reduzcamos el «mundo» a unos pocos intervinientes, temporales… temporales y encima reñidos.
Vamos, que al final creo todo se reduce a lo mismo: a luchar sólo para ganar, no para crecer democráticamente más y mejor. Y eso teniendo un punto fijo en el horizonte al que avanzar en conjunto y como sociedad.
Entristece, pero es lo que hay.
Yo creo que las trincheras las usamos todos cuando abandonamos el principio «vivir y dejar vivir», cuando el mundo del diálogo se hace chiquitito y el «vivir» sólo pasa por no dejar vivir a otros… Parece un mundo muy lejano; pero no lo es tanto, está en la esencia de todas las sociedades que ha habido y probablemente la democracia sea el estado social más avanzado en este sentido… Pero la democracia también recurre a las trincheras, y seguramente en mayor número porque las voces son más y todas buscan hacerse oir.
Estoy de acuerdo con lo dicho.
Yo creo que la democracia peligra cuando los espacios de negociación se reducen; ¿de qué sirve tenerla si el resultado es contar con n partidos que no negocian? Para mí las trincheras son éstas, las de la incomunicación, las de ocultar tras una palabra tan bonita como es «democracia» el hecho de que la convivencia se complica porque no se habla para acordar, sino para negar al otro o sólo dejar ver de él lo peor.
Gracias por este libro, yo creo que es bueno tomar conciencia de la democracia en la que vivimos o que nos rodea.
Acabo de escribir un comentario en «En elogio de la burocracia» y el que quiero poner aquí también guarda relacion con aquel, porque si la burocracia «contamina» la democracia, difícilmente burocracia y democracia pueden alcanzar sus fines y ambos se adentran en terrenos peligrosos (por ejemplo, la corrupción).
Cuando la democracia se fundamenta en el «zasca» del día o en el «yo estoy aquí para hacer lo que quiera», a la burocracia solo le queda doblegarse y quedar al servicio de «la trinchera». Burocracia y democracia pierden su razón de ser y operan a «años luz» de la ciudadanía quedando al servicio del poder del dinero, entre otros.
Gracias por hacernos reflexionar y recomendarnos libros interesantes.
En Democracia de Trincheras se expone un modelo politico basado en la confrontación desencarnada entre los que , ni mas ni menos, representan el sentir ciudadano y que han sido votados, entre otras cosas, para ejercer el papel de rueda de transmisión entre el ciudadano y poder del estado de manera que este poder responda a las necesidades y querencias de la mayoría.
Y yo me pregunto ¿la sociedad de los individuos normales estamos tan polarizada? Supongo que sí, aunque yo no vea de continuo a mis vecinos discutiendo o haciendo campaña descarnada para su pripa causa sino trabajando por el bien de la comunidad, que es la de todos… ¿Nos hemos alejado política de masas y política vecinal?
Yendo a lo grande ¿Dónde quedan esos tiempos en los que la democracia resulta útil para llegar a acuerdos y abordar conjuntamente caminos hacia la mejora de todos? Hoy la politica de estado ya casi no existe, no hay grandes acuerdos, no hay ganas de trabajar conjuntamente para abrir caminos con conrinuidad. Sólo hay ganas de gobernar de manera partidista y, muchas veces, al margen de lo que opinen todos los demás., o mejor dicho, contra lo que opinen los demás.
En fin, sólo esperar que tras las crisis vuelva la normalidad, si es que la normalidad es la de hablar y consensuar, que ahora tampoco lo tengo tan claro.
Hoy vivimos en un escenario de «democracia de trincheras» muy evidente. Todos los políticos se pegan con sus oponente, y cuanto más ruido se haga, parece que mejor porque las audiencias ya están creadas. Esta dinámica no sólo polariza a la ciudadanía a pie de calle, también afecta a lo que entendemos los ciudadanos por prestar un servicio público en igualdad… porque hoy parece que nadie quiere ser presentado como un igual sino como el factor discordante en este territorio de trincheras, territorio al que se nos parece querer echar a todos. ¿No existe ya la democracia colaborativa?
Seamos realistas, a pie de calle no evaluamos a nuestros gobernantes, tampoco a los candidatos. Nos guiamos fundamentalmente por lo que oímos de ellos, por las emociones que nos generan y por la lealtad grupal.
Siendo esto así, los candidatos en general no están incentivados por «el pueblo» para hacerlo bien en el poder, puesto que las comparaciones informadas no existen y «el pueblo» se va a olvidar de lo (no) hecho para las siguientes elecciones.
Para mi la democracia de trincheras se resume en esto: «pinto pinto gorgorito».
Yo creo que hoy estaremos casi todos de acuerdo en que la polarización en España y las trincheras ideológicas están en un nivel muy alto. No oímos hablar de consensos entre las fuerzas políticas para realizar reformas duraderas, la tolerancia cada vez es menor, y el espacio que tienen los demás para hablar se ve reducido por sus “contrincantes”. En un escenario así, la convivencia se hace muy difícil porque sólo se quiere convivir con el ideológicamente próximo y de ello surgen los planes a corto plazo -como mucho una legislatura- que se van sustituyendo con cada nuevo partido político en el poder.
La democracia atraviesa tiempos difíciles, pero esperemos sea para mejorar.
Yo creo que hoy estaremos casi todos de acuerdo en que la polarización en España y las trincheras ideológicas están en un nivel muy alto. No oímos hablar de consensos entre las fuerzas políticas para realizar reformas duraderas, la tolerancia cada vez es menor, y el espacio que tienen los demás para hablar se ve reducido por sus “contrincantes”. En un escenario así, la convivencia se hace muy difícil porque sólo se quiere convivir con el ideológicamente próximo y de ello surgen los planes a corto plazo -como mucho una legislatura- que se van sustituyendo con cada nuevo partido político en el poder.
La democracia atraviesa tiempos difíciles, pero esperemos sea para mejorar.
Hace muy poco oí a alguien decir que hay que luchar para salir adelante. Bien. Pero la lucha pasa por atrincherarse en algún momento para protegerse. También en política.
La clave a mi juicio no está en las trincheras sino en el armamento que se utiliza para atacarse, y el armamento es cada vez más peligroso (dialéctico incluido), la trinchera entonces ya deja de ser algo opcional para pasar a ser el eje de la defensa-ataque, y es aquí donde comienza la debacle de la democracia a mi juicio. porque las sedes ya se confunden.