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El urbanismo y las danas con una comparación entre una zona urbana inundada y una ciudad diseñada para gestionar el agua de forma sostenible.

El Urbanismo y las Danas

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Todos nuestros artículos se fundamentan en hechos e informaciones veraces  y también expresan opiniones, dudas y preocupaciones fruto de experiencias personales y de su estudio.

Última actualización hace 1 mes

En esta entrada vamos a tratar los efectos del urbanismo sobre las Danas -y viceversa-como la ocurrida hace un año en Valencia. Para ello nos vamos a apoyar a lo largo del texto en artículos que te recomendamos leer para ampliar y profundizar en la información dada.

Esta entrada es un claro exponente del Saber acerca de este fenómeno extraordinario y de sus consecuencias en el medio urbano, un saber que deriva en un Pedir las mejoras precisas para que estas situaciones catastróficas no se vuelvan a producir. Un pedir que redunda en el convivir dentro de un medio natural y urbanístico dados, medios interconectados entre sí y que constituyen el espacio de vida con el que contamos.

En primer lugar 

¿Cómo ha influido el urbanismo, en general, en el desastre de Valencia?

Lo construido en España desde los años 60 hasta el último boom inmobiliario se ha hecho con poco respeto al medio natural y hemos ocupado territorio en zonas que no deberíamos de haberlo hecho, lo cual se pone de manifiesto en este tipo de eventos extremos.

En segundo lugar

¿Cómo prevenir desde el urbanismo catástrofes como una DANA?

Parece evidente que hay que adaptar las ciudades y regiones al cambio climático para prevenir más muertes y catástrofes.

Las intensas lluvias de la DANA desbordaron dos ríos y la rambla del Poyo, un cauce de agua que normalmente permanece seco o con poco caudal. Su crecimiento relámpago causó la mayoría de muertos en el área metropolitana de Valencia, donde el municipio de Paiporta fue el más afectado, con 45 muertes. En toda Valencia murieron más de 200 personas.

La zona es especialmente vulnerable a las inundaciones por su posición frente al mar Mediterráneo, que con el calentamiento global emite cada vez más vapor a la atmósfera, lo que favorece la formación de la DANA, una DANA agravada por el crecimiento desenfrenado de la urbanización y sin un plan de prevención de inundaciones, que no llegó hasta 2003. En 2006, se diseñó un plan de adecuación ambiental para drenar las aguas de la rambla del Poyo, pero nunca se hizo.

Para prevenir-mitigar los efectos de una futura DANA los expertos apuntan a una combinación de obras de infraestructura y soluciones ambientales… Hacen énfasis en una idea: revegetar la flora local de todos los cauces deforestados.  También llaman a volver a las prácticas de antaño, con sistemas de drenaje, zonas de irrigación o huertos. 

Las soluciones basadas en la naturaleza pasan por quitar asfalto de las ciudades, tener zonas naturales o zonas en las que introduzcamos variantes de sistemas urbanos de drenaje sostenible, contar con infraestructuras como ‘tanques de agua subterráneos’

Y al interior de las ciudades y de sus áreas metropolitanas será vital la regulación de las plantas bajas, de garajes y sótanos y, especialmente la delimitación de permisos de construcción en zonas inundables.

En la búsqueda de soluciones y prácticas preventivas, hay un factor clave que resaltan los expertos: la necesidad de restaurar los ecosistemas. Reforestar es una de las soluciones desde la naturaleza ante los cambios del clima. Otra solución es no construir sobre zonas inundables.

Una estrategia más de adaptación al clima son las llamadas ‘ciudades esponja’, áreas urbanas diseñadas para absorber y gestionar el agua de lluvia utilizando elementos naturales como árboles, parques, lagos, espacios verdes… También ofrece más resiliencia a las ciudades la ‘infraestructura azul’ como estanques o humedales que absorben el agua en entornos urbanos. 

Por otro lado, parte de la solución pasa por la inversión en sistemas de monitoreo, educación y comunicación de riesgos. Unos sistemas eficaces para predecir y responder efectivamente a las inundaciones cuando existe una percepción del riesgo por parte de la población y así actuar ante las advertencias de amenazas urgentes o relevantes. 

En tercer lugar

La gran enseñanza de la dana: debemos adaptarnos a lo imprevisible

Los datos sobre precipitación acumulada y niveles de caudal confirman que la dana del 29 de octubre de 2024 de Valencia fue un episodio del todo excepcional. La pregunta es… ¿Nos estamos preparando para la próxima excepción?

El problema no está tan solo en ese cambio en el régimen de precipitaciones, en esa nueva realidad climática que ya estamos viviendo, sino en el bajo nivel de respuesta adaptativa. Pero el problema de España es lo que está  mal construido en zonas inundables, en zonas de riesgo. Ahí es donde tenemos que actuar y se van a necesitar grandes inversiones. Y no sólo eso, también hay que hacer una gran campaña de educación para el riesgo. La población, especialmente en la zona mediterránea, tiene que ser consciente de donde vive y cómo debe actuar en caso de una emergencia.

Los ingenieros coinciden en señalar la necesidad de promover unas infraestructuras más resilientes ante el probable aumento del riesgo climático. Buena parte de la respuesta adaptativa pasa por implementar soluciones basadas en la naturaleza.

En cuarto lugar

¿Hemos aprendido algo de lo sucedido?.

Lamentablemente, no hay acuerdo entre administraciones ni coordinación entre ellas, cosa que no facilita la reconstrucción que hay que hacer, una reconstrucción que va a necesitar mucho dinero y mucha cooperación.

La alta vulnerabilidad que sufrimos frente a episodios como el de la dana de Valencia no sólo se explica por el episodio de lluvias extremas, sino por el mantenimiento de un modelo urbanístico que ha ignorado los riesgos naturales y sin control en áreas inundables: ocupando cauces, vegas y suelos que deberían haberse preservado como zonas de paso de agua. 

Hemos planificado al margen del territorio, no con él.  Ahora es necesario llevar a cabo una nueva planificación urbanística que tenga en cuenta la situación de riesgo a la que nos conducen los escenarios de cambio climático.

Hay que apelar al diálogo y la cooperación entre administraciones para afrontar los retos urbanísticos y de obra hidráulica, y educar a la población en la prevención del riesgo.

Miremos al futuro:

Las lecciones de la DANA.

La Comunitat Valenciana tiene un 12% de su territorio catalogado como inundable. En esas zonas viven 600.000 personas y, pese a desgracias anteriores y a su largo historial de lluvias torrenciales, se ha seguido construyendo junto a estos cauces sin apenas controles administrativos

Ahora, lo que se ha desbordado ha sido el barranco del Poyo. En su recorrido, que normalmente está seco, atraviesa el centro de varios pueblos, pero con la furia la DANA se convirtió en una autopista de agua que desde el interior iba cogiendo cada vez más fuerza, inundando poblaciones donde no llovía o llovía muy poco.

Los expertos han explicado que las rieras y barrancos no actúan igual que los ríos con las crecidas. Los cauces mojados de los ríos van regulando el caudal, pero en estos cauces secos el suelo es impermeable y no traga. En lugares con pocas construcciones, el agua se extiende por los lados sin encontrar límites y su fuerza se diluye al extenderse. En lugares de más densidad urbanística, el cauce, al crecer, encuentra barreras que actúan como presas que se desbordan. Geólogos e ingenieros advierten contra esa temeridad urbanística y abogan por «renaturalizar»: convertir las riberas de los cauces fluviales en espacios naturales.

Ahora reflexionemos…

¿Por qué la DANA de Valencia fue tan devastadora?

La magnitud del desastre no dependió únicamente de la cantidad de lluvia, sino de cómo está configurado el territorio.

Durante las últimas décadas, la costa mediterránea ha sufrido una urbanización acelerada, con una fuerte impermeabilización del suelo y pérdida de zonas naturales de infiltración.

Según un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV), más del 55 % del área metropolitana está cubierta por asfalto o cemento, lo que impide que el agua se filtre y aumenta la escorrentía superficial. A esto se suma la ocupación de antiguos cauces y ramblas, que históricamente absorbían los excesos de lluvia y ahora se encuentran urbanizados.

La falta de planificación territorial y mantenimiento de infraestructuras de drenaje convierte cada episodio de DANA en una catástrofe anunciada.

Las DANAs son inevitables, pero su impacto puede mitigarse con una gestión territorial y ecológica inteligente. El reto consiste en devolver al territorio su capacidad natural de absorber, filtrar y almacenar agua y ello, entre otras acciones, incrementando la permeabilidad del suelo urbano con pavimentos drenantes.

En España contamos con el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI) con la cartografía de las zonas inundables en todo el territorio hecha con modelos matemáticos. Si consultamos esta cartografía, veremos que las zonas afectadas ya están perfectamente identificadas de alto riesgo por inundación.

Décadas de urbanismo descontrolado agravan el efecto destructor de la DANA

Más de un millón de casas están construidas en España en zonas de riesgo cubriendo el terreno de hormigón – la mayoría de ellas en el litoral mediterráneo-, lo que impide que el terreno absorba el agua. Décadas de prácticas urbanísticas descontroladas que tienen efecto hoy cuando hay una DANA o algún otro fenómeno extremo, explican los expertos.

La guía de adaptación a las inundaciones del Ministerio de Transición Ecológica explica que “cuando se producen precipitaciones intensas, la utilización de pavimentos impermeables y canalizaciones directas de la escorrentía propician la creación de grandes avenidas de agua que provocan el colapso de la red general de evacuación”. En otras palabras, que si llueve mucho, ese terreno impermeable provoca que el volumen de agua crezca y la velocidad de la riada se acelere. A partir de ahí viene el desbordamiento.

En España existe un amplio territorio muy expuesto a las inundaciones. Los tramos que muestran riesgo evidente suman casi 12.000 km, según las últimas mediciones del Ministerio de Transición Ecológica. El peligro alcanza a más de 2,3 millones de personas en las cuencas gestionadas por el Ejecutivo central.

Centrémonos en la reconstrucción. Reconstrucción en tres pasos

Los pasos que parece necesario seguir para crear ciudades y entornos naturales más resilientes a las catástrofes son -simplificadamente-:

  1. Eliminar la caña y plantar vegetación nativa en las zonas de ribera.
  2. Fomentar que las ciudades sean esponjas en la retención de agua.
  3. No construir o reconstruir en zonas fácilmente inundables.

Por ejemplo, varios municipios tramitan cambios urbanísticos para limitar el uso residencial en plantas bajas o sobreelevar aparcamientos en una zona inundable. 

Repensar el urbanismo para,  resistir futuras danas

Todas las evidencias científicas señalan que a consecuencia del cambio climático las danas irán cada vez a más y ganarán en intensidad.

En este sentido, los científicos consultados tienen claro que el camino tendría que pasar por planificar y ejecutar políticas de «adaptación» a la emergencia climática. Entre otras cuestiones, estas tendrían que provocar cambios profundos en la planificación urbanística. Pero hasta ahora no se va más allá de ir reaccionando ante los acontecimientos [meteorológicos], sin que haya variado la planificación por parte de las administraciones.

Un modo de adaptación sería dejar espacio al agua… Hay que repensar la costa, que puede verse afectada tanto por las inundaciones procedentes del continente, como por los temporales de mar que llegan de la costa y por un crecimiento del nivel del mar que se acelera. Pero también las zonas laterales de ríos y rieras, porque tienen poco espacio para evacuar el agua cuando, a causa de un temporal, experimentan crecimientos repentinos.

Tenemos que repensar el territorio y tener en cuenta el horizonte del cambio climático, que acentúa los fenómenos extremos.

Además, las administraciones deben asumir como objetivo transversal de alto nivel intentar anticipar parte de los daños provocados por fenómenos meteorológicos extremos, unos daños que se acentúan en aquellos territorios donde se ha urbanizado zonas inundables o han proliferado campos de conreo que, en la práctica, dejan a ríos, rieras o torrentes sin un espacio natural que recuperan con fuerza cuando hay inundaciones.

Por otra parte, determinadas canalizaciones o gran parte de los paseos marítimos limitan el espacio de crecida del agua, ya sea de un río o del mar en el caso de una levantada.

En fín, hacen falta políticas de adaptación al cambio climático… Pero…¿Y qué es una mala adaptación? Pues cuando lo único que hacemos es reconstruir las infraestructuras que se ha llevado un temporal -ya sea de manera más reforzada-, porque así cronificamos el problema. Por eso hay que identificar los «puntos críticos y pensar en el rediseño del urbanismo y las infraestructuras para adaptarse a la nueva situación».

La clave está en ganar espacio de acomodación tanto en la costa como en la red de ríos y rieras, para que el agua y los sedimentos puedan fluir sin provocar grandes daños… De esta manera, tenemos que dejar espacio al mar, porque crecerá igualmente, lo que conlleva ensanchar las playas.

Los cambios urbanísticos sobre lo que ya existe

DANA, nuevo clima y un urbanismo inadaptado

Hay un nuevo clima mediterráneo que se caracteriza por temperaturas más altas y por eventos extremos. Ante esta situación sólo podemos responder con prudencia y adaptación. La prudencia nos lleva a mejorar la previsión, la alerta y la prevención. La adaptación implica a la ordenación del territorio y obliga a buscar soluciones inteligentes basadas en la naturaleza.

La terrible catástrofe vivida es consecuencia de escasa prudencia (alertas tardías y poco contundentes pese a las previsiones muy claras y certeras de la AEMET) y mala adaptación (urbanística y de las vías de comunicación). El fenómeno natural no puede evitarse, pero sí pueden evitarse víctimas y daños, y la responsabilidad de ello es exclusivamente humana.

Debemos repensar el futuro. Hay que:

  • cambiar radicalmente la ingeniería y el urbanismo,
  • devolver a los ríos su espacio,
  • desocupar zonas inundables porque muchas vidas humanas están en juego.

Ha llovido mucho y los ríos y ramblas han hecho bien su trabajo de evacuación del agua y el sedimento hacia el mar. Pero es una zona muy urbanizada y no adaptada a los procesos naturales extremos.

Las ciudades valencianas afectadas, desarrolladas sobre áreas inundables, no cuentan con ninguna construcción adaptada a la inundación. La solución no es poner más muros, el agua los esquivará o los reventará, la solución es trasladar las construcciones a emplazamientos seguros… Hay que devolver espacio lateral a los ríos para que evacúen aún mejor y con menos daños estos fenómenos pluviométricos.

NUNCA  MÁS planes de defensa y soluciones de hormigón. La ingeniería, la ordenación del territorio y el urbanismo deben adaptarse a la naturaleza. No hay otra, y es muy urgente.

Amnistía Internacional  alerta sobre… El  urbanismo en zonas inundables tras un año de la Dana

Amnistía Internacional advierte que las administraciones continúan autorizando proyectos urbanísticos en áreas susceptibles de inundación.

En su informe titulado ‘Llueve sobre mojado. La Dana: impactos de la crisis climática en un escenario de crisis estructural de vivienda‘, Amnistía Internacional señala que persiste la construcción en zonas de alto riesgo, exponiendo a decenas de miles de ciudadanos a potenciales catástrofes.

La Dana de octubre de 2024, puso de manifiesto, según la ONG, la falta de adaptación al cambio climático y la ausencia de protección efectiva del derecho a la vivienda.

La organización señala que la inversión en infraestructuras hidráulicas en la provincia de Valencia se ha reducido notablemente desde 2009, consecuencia directa de los recortes presupuestarios. Esa falta de inversión ha limitado la capacidad de prevención y mitigación de riesgos.

Amnistía Internacional exige a las autoridades autonómicas y locales una moratoria inmediata de los proyectos urbanísticos en los municipios afectados por la Dana, hasta que se apruebe la revisión del PATRICOVA – Plan de Acción Territorial sobre Riesgo de Inundación – y se realicen estudios actualizados de zonas de riesgo. Además, la organización pide al Gobierno central y a las CCAA revisar el sistema de protección social frente a desastres climáticos, elaborar un protocolo integral de ayudas y garantizar una respuesta basada en derechos humanos.

La DANA supone un punto de inflexión para repensar el urbanismo desde la adaptación climática y la justicia territorial, en donde la reconstrucción no trate sólo de reconstruir, sino de hacer un territorio mejor y con visión a largo plazo. Este proceso no es sólo una medida reactiva, sino una oportunidad estratégica para avanzar hacia ciudades más resilientes y cohesionadas. 

Las Agendas urbanas

Agendas de Reconstrucción

Las Agendas Urbanas son documentos de carácter estratégico que permiten priorizar intervenciones, canalizar recursos y, sobre todo, alinear la planificación local con los objetivos climáticos y sociales actuales. Su enfoque en la reconstrucción, permite que, además, sean capaces de poner los medios para que no vuelva a ocurrir o, al menos, minimizar sus efectos. 

El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana (MIVAU) activó la elaboración de Agendas de Reconstrucción para servir de base estratégica a una convocatoria EDIL-PAI (fondos europeos FEDER) específica para municipios afectados por la DANA.

El objetivo es que estas agendas se consoliden como herramientas clave diseñadas para apoyar a los municipios afectados y estructurar la necesaria recuperación desde criterios como la resiliencia, la participación ciudadana y la innovación urbana. 

La alianza supramunicipal como pilar de la adaptación.

La creación de espacios de coordinación territorial y el desarrollo de respuestas estructuradas resultan clave para avanzar hacia estrategias de adaptación real frente a las DANAs u otros fenómenos climáticos extremos.

Hace falta innovar en la reconstrucción priorizando aquellas intervenciones que mitigan los efectos de futuros episodios extremos y refuerzan las capacidades de resistencia y cohesión comunitaria. Esta actualización supone un paso necesario hacia la transformación que trate de: integrar de manera decidida enfoques de prevención, la adaptación, la inclusión y conciencia social, tanto desde lo local como desde lo supramunicipal.

 

En fin, el urbanismo no pone límites a los fenómenos meteorológicos extraordinarios, los agrava. Tenemos que ser conscientes de ello y abordar modelos que concilien los dos escenarios (urbanístico y medioambiental).

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