La crisis política en España se ha convertido en uno de los temas que más preocupación genera entre la ciudadanía. Los casos de presunta corrupción, la creciente desconfianza hacia las instituciones y la constante confrontación política han intensificado el debate sobre el funcionamiento del sistema democrático y el papel de quienes lo representan. En este artículo analizamos el contexto actual, el sentimiento social que provoca esta situación y las principales consecuencias que puede tener para el futuro político del país.
La crisis política en España
Hoy en día vivimos en España tiempos convulsos para la política y los políticos. Vivimos los escándalos del presidente gobierno y expresidente: corrupción, favores familiares (caso Koldo, Cerdán, Abalos, Begoña Gómez, David Sánchez, caso Zapatero) a los que sumar los casos de los pagos a Quirón de la Comunidad de Madrid, entre otros.
Cada día conocemos alguna nueva noticia relacionada con estos casos y ya nos resulta insoportable comprobar cómo los políticos han utilizado/utilizan sus cargos para beneficio particular, un beneficio particular que nunca hemos negado pero que ahora se ve como desmedido y como una falta de respeto a las instituciones que representan… porque ¿cómo entender el poder ejecutivo como un centro de negocios privados? ¿cómo ver al poder legislativo como “organismo” facilitador de corrupciones y corruptelas?
El impacto de la crisis política en las instituciones
Bien, aquí no entramos a comentar estos casos, la prensa ya dice mucho acerca de ellos. Sí vamos a hablar del sentimiento generalizado de “no saber dónde vamos. De haber perdido el norte”, sentimiento derivado de todos estos casos que no hacen sino aumentar la preocupación acerca del país en el que vivimos y de las instituciones con las que contamos, en particular, las instituciones de poder, tan necesarias y cuestionadas.
Así, la justicia la vemos cada vez más distante de la ciudadanía, ciudadanía que ya vive sus penurias (como los retrasos en los juicios) y que ya duda de que la justicia sea todo lo justa que esperamos que sea. Por otro lado el legislativo vemos pasa, de hacer leyes, a confeccionar justificaciones de los actos, justificaciones que no siempre son entendidas por la ciudadanía en su afán de entender a la institución que les representa.
Y finalmente, el ejecutivo lo vemos como el “jefe del clan”, un jefe bueno para cosas que consideramos buenas, un jefe malo para cosas que consideramos malas, y aquí la consideración tiene que ver mucho con la imagen del político frente a la sociedad, imagen que en el caso de los gobernantes esperamos quede revestida de un pátina de honor y justicia social, imagen que vemos hoy se tambalea.
La situación política actual en España
En fin, a día de hoy el Gobierno está muy presionado para adelantar elecciones pero descarta por ahora esa opción. El mensaje oficial es que las elecciones generales no serán hasta después de las autonómicas y municipales de 2027 aunque ya se empiezan a oír voces que adelantan esta fecha al primer trimestre de 2027.
Por otro lado, hay dirigentes socialistas, como Óscar Puente, que lo que están haciendo es esparcir la idea de que existe un complot político-mediático-judicial para derribar al Gobierno con «atajos» poco democráticos… Sánchez no llega tan lejos y sólo habla de las «malas artes» de «la derecha no sólo política, sino también mediática» y reta al PP así: «Ante los infundios, también actuaremos contundencia, porque no vamos a permitir que esta oposición marrullera intente derribar al Gobierno con sus malas artes«.
Perspectivas de la crisis política en España
Vivimos malos momentos para la política y hasta dentro de un tiempo los ciudadanos no podremos valorar los resultados de la crisis, resultados que ya se dejan ver pero que no son los definitivos.
Por tanto, podremos evaluar mejor más adelante, con más hechos constatados, y entonces, podremos votar en función de lo bueno/malo que nos ha acontecido en el tiempo de legislatura y no sólo en función de lo que se dice y opinan los diferentes actores políticos, porque lo político lleva su tiempo, tiempo que muchas veces no es equiparable al tiempo social porque aquel se encuentra atravesado por hechos puntuales que lo condicionan y que plantean “pistas de aterrizaje-despeque” para influir, desde la política, en el tiempo social.


