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La asistencia sanitaria pública a ojos de los interesados. Partes interesadas. III.c Los Poderes: El Mercado sanitario y financiero.

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Última actualización 02/24

Aquí nos apoyamos en los informes publicados por:

  • La fundación IDIS -Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad y principal centro de pensamiento e influencia de la sanidad privada española que agrupa a 86 entidades -,
  • La asociación UNESPA -representante del seguro en España-

Y también en los siguientes artículos de prensa por entender están dotados de un buen fondo documental y argumentativo:

 

 Resumiendo: Es evidente que la salud es un negocio. No hay que sorprenderse (ni rasgarse las vestiduras) por ello.

Sólo hace falta comprobar cómo se expanden los hospitales privados por España y cómo los complejos sociosanitarios despiertan el interés de los fondos internacionales. Y ello reforzado por el hecho de que contamos con un sector público sanitario que, a la postre, asume las “cargas más pesadas” -ancianos, atenciones más costosas…- , y con ello, hace ganar mucho dinero al sector privado como “empresa rentable” que es (por pura concepción de la sociedad en la que vivimos).

¿Y cómo se expanden estos negocios?

De un lado, grandes inversores (externos) o fondos de capital construyen un complejo sanitario para una empresa y ésta última firma un contrato de alquiler a largo plazo pagando una renta mensual o anual, renta normalmente vinculada a la inflación. De esta forma el inversor se asegura una rentabilidad estable y el grupo sanitario –incluido el público- se asegura contar con instalaciones…

Además, también contamos con la privatización de atenciones de áreas sanitarias concretas, lo que denominamos conciertos.

En fin…

Que los grandes inversores entran en el sector de la salud por tratarse de un negocio “seguro” que queda asociado a una necesidad básica de la vida de la que no se puede prescindir. Así, gigantes financieros como BlackRock cuentan con una división especializada en sanidad y recomienda invertir en un sector donde las  ganancias son  sólidas.

Como diría mi madre: “tontos no son”.

Así pues, el gran capital está presente en la sanidad pública, no sólo vía inversiones, también copando buena parte de los conciertos público-privados para gestionar hospitales. De hecho, en España el gasto privado -incluido conciertos- supone el 29,4% del gasto sanitario en 2021, el último dato de IDIS que corrobora que España es ya un negocio sanitario donde prácticamente un tercio del gasto va a parar al sector privado… El gran capital está avanzando en el control del sistema sanitario (público) español copando buena parte de los conciertos público-privados para gestionar hospitales…Por otro lado, y  según los datos de UNESPA  presentados en rueda de prensa del 17 de enero del 2024, en  septiembre del 2023 ya había 14,3 millones de personas con un seguro privado de salud en España, es decir, prácticamente el 30% de la población.

En RESUMEN:

Es evidente que quien controla la sanidad privada sale beneficiado de los recortes o vacíos en la pública. Esto no sorprende y no ni es bueno ni malo “per sé”, simplemente constituye la nota de atención sobre una creciente desigualdad; la desigualdad que establece el disponer de dinero, o no, para irse del lado privado y atender esas necesidades básicas de la vida que redundan en la igualdad (de oportunidades) más elemental. La Salud-Sanidad hunde sus raíces aquí.

Hablando de los Conciertos.

Para empezar, los conciertos público-privados son acuerdos entre el sector público de la salud y los centros sanitarios privados para la prestación de servicios públicos de atención a pacientes. De hecho, el SNS complementa su actividad concertando servicios con el 63% de los hospitales privados, conciertos que cubren más de la cuarta parte del gasto sanitario privado. Unas inyecciones de dinero que quedan concentradas en Catalunya-Madrid y que resultan fundamentales para generar beneficios en las empresas que acceden a los conciertos.

Estos procesos de concertación tienen una característica clave: Que, vistos del lado empresarial, los centros se especializan en tratamientos de menor coste y alta rentabilidad, mientras que los más complejos y costosos se desplazan al sistema público con menos recursos… Normal… El sector privado fue creado para ganar dinero, es el modelo en el que vivimos.

Con datos, y siguiendo a lo ya dicho en… La sanidad privada recibe de los conciertos con el sector público diez veces más de lo que gasta en sus hospitales | Público (publico.es), se concluye que:

  • La concertación de los hospitales privados en España supone que la colaboración público-privada  desvía uno de cada diez euros de los presupuestos públicos a empresas, lo cual supone pingües beneficios para éstas cuando prácticamente están cubiertos sus gastos por sus propios clientes, ya sea directamente o a través de las pólizas que subscriben… No nos olvidemos… Son negocios… Y los negocios lo primero que hacen es cubrir gastos para obtener, a partir de ahí, sólo beneficios.

Según los últimos datos de IDIS, se elevan a 7.281 millones de euros los conciertos sanitarios en 2021, un negocio que en la práctica arriesga menos de 900 millones (es decir, que sus gestores privados arriesgan esa “menor” cantidad), y ello básicamente porque la sanidad privada, como ya dijimos antes, se financia con las aportaciones de sus usuarios-clientes, los cuales, según los datos de ASPE – la patronal de la sanidad privada en nuestro país-, cubren un 74% del gasto con sus aportaciones particulares, vía tiquet o vía derrama, mientras otro 24% es cubierto por los seguros a los que han ido pagando sus pólizas.

Todo ello permite hacerse una idea de la dependencia en las cuentas de resultados de las empresas que gestionan esos centros, de las inyecciones procedentes de los presupuestos autonómicos (porque la sanidad es materia eminentemente autonómica).

Siendo concretos ¿Qué entender por «colaboración público-privada»?

La definición que se da en el Informe sobre Sanidad Privada 2022 de la Fundación  IDIS, es: “Por colaboración público-privada se entiende el gasto público que genera asistencia privada”… La definición responde a lo que realmente es dicha colaboración: un aumento de la participación privada en el gasto público, o, dicho de otro modo, que los ingresos sanitarios privados aumentan a costa del erario público. Según el informe de IDIS, el 35% de la facturación de los hospitales privados proviene de los conciertos con entidades públicas. Es como si de un núcleo central público surgieran centros aledaños constituyendo un único cuerpo “vivo” por el que fluye constantemente el “dinero”.

Hablando del negocio y la colaboración..

Visto todo lo anterior, es evidente que, sin la sanidad pública, el negocio de las privadas tendría muchos problemas. Veámoslo con algunos datos más. Por ejemplo, que los conciertos con hospitales públicos en 2021 sumaron en todas las CCAA un total de 7.281 millones de euros, destacando Cataluña y Madrid, respectivamente, con 3.373 millones y 1.218 millones de euros, un 63% del total

Pero los conciertos no son buenos ni malos en sí mismos desde su entendimiento como un mero instrumento de atención al usuario-paciente con fines sanitarios. La cuestión de fondo es optar socialmente por un modelo sanitario preferentemente público o por otro preferentemente privado, o sea, por uno cuya piedra angular resida en la equidad entre las personas o por otro centrado en el exclusivo crecimiento (y enriquecimiento) económico-financiero… Este es el eje de la decisión… Y optando sin mayores discusiones por la equidad propia en cualquier estado social -como el nuestro-, el verdadero y arduo problema es conciliar y hacer colaborar a ambos sectores sin que ninguno avance desmedidamente a costa del otro.

¿O es que no pueden convivir para beneficio de ambos y de los usuarios?

Sigamos:

¿Y quiénes son los principales beneficiarios de todo ese tinglado de «colaboración público-privada»?

Centrándonos en los principales actores de la sanidad privada, y que también son algunos de los mayores beneficiarios de los conciertos, tenemos marcas de inversiones tales como:

  • Fresenius, el fonde de inversión alemán que es la principal firma europea del ramo y que controla a Quironsalud y su filial IDCQ Hospitales y Sanidad.
  • CVC y DIF, fondo británico-holandés con un hospital en Madrid y otro en Toledo y que parece querer volver a operar con fuerza en la sanidad española tras experiencias anteriores en Quironsalud y Hospital Puerta de Hierro de Madrid.
  • El fondo británico LBEIP, que gestiona hospitales en Madrid.
  • Entre las marcas de origen español se encuentran: Ribera Salud, que explota cinco hospitales en la Comunitat Valenciana. La cadena Vithas con centros en varias comunidades. El grupo HLA, de la aseguradora Asisa, que gestiona varios hospitales en Catalunya y en Madrid. HM hospitales, que también opera en varias comunidades…
  • Y cierran esta la lista de los principales operadores del sector hospitalario privado en España, Hospiten, que tiene concertados con la Junta cinco de sus siete centros andaluces, y Sanitas, propiedad de la aseguradora británica Bupa.¡

¿Afecta este modelo a la calidad del servicio?

Esto da para mucho debate.

Aquí sólo alertar de los cambios que conllevan los crecientes procesos de privatización en los que las empresas de sanidad aplican, como las aseguradoras, una «selección de riesgos: eligen lo que cubren, los tratamientos que aplican y el tipo de cliente que buscan, mientras todo lo complejo va a la sanidad pública, que se encarga de atender a los pacientes con independencia del coste». De hecho, un estudio en Inglaterra publicado en julio del 2022 Outsourcing health-care services to the private sector and treatable mortality rates in England, 2013–20: an observational study of NHS privatisation – The Lancet Public health  refleja que la subcontratación privada en Inglaterra está asociada a mayores tasas de mortalidad en enfermedades tratables que sólo requieren de intervenciones médicas eficaces… Esto, por sí mismo, ya justifica la preocupación sobre la calidad de la atención sanitaria brindada por empresas con fines de lucro. Estudios similares en España, que sepamos, no se han publicado aún.

Pues bien, el estudio apunta a que este aumento de la mortalidad puede deberse a tres razones:

1) a que los proveedores privados que reciben contratos públicos podrían estar brindando una atención de peor calidad porque tienden a reducir costos;

2) a que la subcontratación privada conduce a una presión intensificada a través de todo el sistema de salud ya que “lo privado” tiende a seleccionar preferentemente a pacientes rentables y servicios “baratos” creando una concentración de tratamientos en “lo público”;

3) a que una mayor competencia por los contratos podría llevar a los proveedores privados a priorizar los tiempos de espera a expensas de la calidad de la atención.

Como también se cita en el estudio, la justificación durante las últimas décadas de la mercantilización de los servicios de salud, viene sustentada por la creencia general de que la apertura, la competencia, y la autonomía de gestión pueden mejorar la eficiencia y el desempeño de los servicios financiados por el estado… ¿Será a coste cero, o al menos a un coste razonable? El estudio apunta a que no, a que a la postre el coste conlleva un aumento en la mortalidad.

Pero, sumándonos a las recomendaciones que se hacen en el estudio: Es el momento de revisar el papel del sector privado dentro del sector público sanitario.

En este escenario de “cierta confusión” es aún más importante establecer una colaboración y entendimiento sinceros público-privado. Nuestra salud es la que está en juego.

5 comentarios en “La asistencia sanitaria pública a ojos de los interesados. Partes interesadas. III.c Los Poderes: El Mercado sanitario y financiero.”

  1. Me centro en lo que son los CONCIERTOS según IDIS: “el gasto público que genera asistencia privada”… Sólo con esta frase ya se dice todo: Quien asiste al paciente (el centro privado). Quien paga la asistencia y a quien (la sanidad pública al centro privado).
    Pues bien, hagamos cuentas: Un negocio privado, per sé, ya queda cubierto por sus propios clientes privados, vía aseguradora o no -si no fuera así no estaríamos hablando de negocios rentables, y lo son, porque el gran capital entra en ellos-. A esos ingresos privados hay que añadir el pago recibido desde lo público a cuenta de la colaboración privada prestada, y que asciende a un 35% de la facturación total. Esto es mucho, o sea, que el 35% de los ingresos de lo privado provienen de lo público, ingresos que, por lo dicho antes, son prácticamente en su totalidad beneficios para el negocio.
    Pues bien, ahora veo claro por qué los fondos de inversión están tan interesados en el negocio sanitario de los estados sociales como el nuestro: porque lo público actúa como colchón y palanca de beneficio estable.
    En resumen, que el capital siempre va a parar manos privadas, como es lo propio en un buen sistema capitalista.

  2. Yo me centro en el estudio realizado en Inglaterra sobre la subcontratación privada y a su asociación con mayores tasas de mortalidad. Las razones que expone me parecen muy relevantes y evidentes:
    1) Una atención de peor calidad porque lo privado tiende a reducir costos.
    2) Porque lo privado se va a los tratamiento rentables y deja para lo público los servicios mas costosos,
    3) Porque lo privado compite por los tiempos de espera a expensas de la calidad de la atención.
    La mercantilización de los servicios de salud vino de la mano de la creencia general de que una mayor participación del mercado puede mejorar lo público. Pero el estudio plantea que el coste es elevado (aumenta el número de muertos).
    En España no conozco un estudio semejante. Si alguien conoce alguno, o algo parecido, por favor lo comparta.

  3. El poder de los mercados es practicamente invencible, mejor dicho, el mercado dará a lo público lo que considere que le es beneficioso, por ejemplo, las asistencias más costosas. Dicho de otra manera, el mercado crece a costa de lo público porque al final de lo que se trata se de sacar el capital de un sitio -en este caso, de lo público- para llevarlo al otro -lo privado-; en ese trasiego se fundamenta el capitalismo.
    Y con esto no quiero decir que sea siempre negativo para las personas-ciudadanos, sólo quiero decir que el poder del dinero juega en ese terreno y que hay que conocer muy bien el juego para no ser vencido… El dinero decide.. pero precisamente por eso también se le puede exigir, sus clientes somos nosotros y si alguien aglutina al nosotros (lo público) ese alguien podrá hacerle frente.
    Creo esta es la clave para hacerse fuerte: dotarse de un poder que pueda resultar beneficioso para la otra parte. A mi juicio es la forma más inteligente de ejercer el poder porque de él deriva la «necesaria colaboración» entre partes. Y en un escenario de colaboración lo normal es que todos ganen.

  4. A mi no me parece mal que se haga negocio con la sanidad siempre y cuando los usuarios-clientes estén bien atendidos, y con bien atendidos quiero decir que dispongan de buenos tratamientos para mitigar su enfermedad.
    Si lo privado es el único que dispone de los medios necesarios, pues paguemos a lo privado desde lo público. Bien. ¿pero no lo hacen ya muchas personas-clientes? Pues sí, pero el grueso de la población sigue acudiendo a la sanidad pública y ello en muchas ocasiones porque su empresa no dispone de seguro sanitario privado y la persona no dispone de dinero suficiente para pagarse, además, una sanidad privada.
    Quizás por donde primero habría que empezar es por hacer obligatorio el seguro médico privado en todas las empresas. así, al menos, las familias de trabajadores partiriamos con una igualdad básica, primero, para decidir dónde acudir y ,segundo, para decidir en quién confiar para nuestro tratamiento.
    Creo yo que la libertad de decisión de la persona en materia de sanidad pasa por el poder de la empresa y del dinero/salario. Una conjunción de estos dos poderes probablemente encumbraría a la sanidad privada y la pública se vería desahogada para lo fundamental, que a mi juicio son las cuestiones relativas a la salud pública.

  5. Yo hasta ahora no había visto tantos datos sobre el modelo del negocio sanitario.

    Lo primero…España es ya un negocio sanitario donde prácticamente un tercio del gasto va a parar al sector privado… El gran capital avanza en el control del sistema, por ejemplo, tomando buena parte de los conciertos público-privados para gestionar hospitales.

    Lo segundo… Sobre los conciertos. Su definición me parece muy clarificadora: “el gasto público que genera asistencia privada”. Y el dato aún es más clarificador: el 35% de la facturación de los hospitales privados proviene de los conciertos con entidades públicas.

    Mi conclusión llegados a este punto es que se nos plantea la necesidad de tomar una decisión de fondo: la de optar socialmente por un modelo sanitario preferentemente público u otro preferentemente privado, o sea, por uno cuya piedra angular resida en la equidad entre las personas o por otro centrado en el exclusivo crecimiento (y enriquecimiento) económico-financiero… Este es el eje de la decisión, decisión que la podemos visualizar como el modelo USA o modelo (aún) español… De la decisión adoptada dependerá el modelo definitivo y su encaje social.

    En cuanto al estudio inglés, para mí lo más relevante es que éste apunta a que el aumento de la mortalidad puede deberse a tres razones, básicamente “de mercado”: 1) Los proveedores privados que reciben contratos públicos podrían estar brindando una atención de peor calidad porque tienden a reducir costos; 2) La subcontratación privada conduce a una presión intensificada en lo público debido a que “lo privado” tiende a seleccionar preferentemente pacientes rentables y servicios “baratos”; 3) Los proveedores privados priorizan los tiempos de espera a expensas de la calidad de la atención de cara a mejorar su competencia por los contratos
    Cualquiera de las tres razones, a mi juicio es lo suficientemente importante como para revisar el modelo sanitario de cara a garantizar la salud de las personas y el sostenimiento de la sociedad en la que vivimos.

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